I+D Revista de Investigaciones
ISSN 2256-1676 / ISSN en línea 2539-519X
Volumen 17 Número 1 Enero-Junio de 2022 pp. 158-165
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Una Cultura De Honestidad Como
Estrategia Educativa Contra El Plagio
Académico En Estudiantes Universitarios
1
A Culture of Honesty as an Educational Strategy Against
Academic Plagiarism in University Students
Gonzalo Rojas Reyes
2
Artículo recibido en Julio 20 de 2021; artículo aceptado en octubre 29 de 2021.
Este artículo puede compartirse bajo la Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Compartir Igual 4.0 Internacional y se referencia
usando el siguiente formato: Rojas, G. (2022). Una Cultura De Honestidad Como Estrategia Educativa Contra El Plagio Académico en Estudiantes
Universitarios. I+D Revista de Investigaciones, 17(1), 158-165.
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Resumen
El presente artículo aborda el fenómeno del plagio académico en los estudiantes universitarios. Para ello se ahonda en
algunas consideraciones históricas sobre el plagio, se exponen varias aproximaciones reflexivas sobre su causalidad y
por último algunas ideas para implementar en las instituciones educativas con el fin de contrarrestarlo. A lo largo del
texto se menciona que, entre los medios para combatirlo, las sanciones disciplinares ocupan un lugar destacado, a pesar
que estas no han mostrado la efectividad esperada. Finalmente, se propone, que para superar el plagio en las
universidades es necesario sumar esfuerzos desde lo administrativo, la docencia y los estudiantes orientados a construir
una cultura institucional de honestidad académica.
Palabras clave: Fraude académico, honestidad académica, plagio académico, redacción.
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Abstract
This article studies the phenomenon of academic plagiarism in university students. In the first part of the text some
historical considerations about plagiarism appear, later several reflective approaches about its causality are exposed
and finally some ideas to implement in educational institutions in order to counteract it. Throughout the text it is
mentioned that, among the means to combat it, disciplinary sanctions occupy a prominent place, even though they
have not shown the expected effectiveness. Finally, it is proposed that to overcome plagiarism in universities it is
necessary to join efforts from the administrative, teaching and students oriented to build an institutional culture of
academic honesty.
Keywords: Academic fraud, academic honesty, plagiarism, drafting.
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Introducción
1
Artículo de reflexión, de enfoque cualitativo, resultado de un proyecto de investigación culminado, perteneciente al área de ciencias sociales y
humanísticas, subárea pedagogía y cambio social, desarrollado en el Grupo de Investigación UDIPSI; financiado por la Universidad de Investigación
y Desarrollo (Bucaramanga Colombia) UDI). Dirección: Calle 9 No. 23-55, PBX: 6352525. Fecha de inicio: Junio 2020 - Fecha de terminación:
Julio 2021.
2
Doctor en ciencias sociales, Especialista en Docencia Universitaria, y Licenciado en Filosofía y Letras. Docente e Investigador en la Universidad
de Investigación y Desarrollo (Bucaramanga, Colombia). Dirección: Calle 9 No. 23-55, PBX: 6352525. ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-
9376-7152. Correo electrónico institucional: grojas4@udi.edu.co.
El presente artículo se ocupa de abordar reflexivamente
el fenómeno del plagio académico, particularmente aquel
Una cultura de honestidad como estrategia educativa contra el plagio académico en estudiantes universitarios
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que aparece en los textos que escriben los estudiantes
universitarios para presentar a sus profesores, el cual
constituye una situación problemática creciente y muy
compleja del contexto educativo tanto público como
privado (Gallent Torres & Tello Fons, 2017; Martínez &
Ramírez, 2018).
Para los profesores resulta desagradable y
pedagógicamente crítico constatar que los trabajos que
presentan sus estudiantes contienen plagio. Igualmente,
para los estudiantes no deja de suscitar preocupación
cuando sus profesores les informan que el trabajo que han
entregado, y del cual esperan una calificación de
aprobado, ha sido anulado; la angustia se eleva cuando el
texto plagiado corresponde a un trabajo o una tesis de
grado, por los efectos disciplinares que desencadena este
actuar.
A plagiar se aprende en la educación primaria y media, y
se refuerza en la universidad (Diez-Martínez, 2015).
Plagiar infortunadamente se ha convertido en una
práctica frecuente y además creciente en el contexto
universitario a nivel global (Espiñeira-Bellíon et al.,
2020; Ramírez, 2019). Prevenirlo, sancionarlo y
erradicarlo de los escenarios escolares ha de ser un
empeño prioritario en las universidades; lograrlo requiere
indiscutiblemente que se sumen voluntades y esfuerzos
tanto de los docentes y los administrativos como de los
mismos estudiantes (Cebrián-Robles et al., 2018).
El presente texto reflexivo ha sido elaborado para llamar
la atención sobre el tema del plagio y reafirmar una vez
más que las estrategias para combatirlo no pueden
reducirse solo a medidas prioritariamente punitivas y
disciplinares; las investigaciones han constatado
reiteradamente que estos procedimientos son necesarios
pero producen escaso éxito ético (Mejía & Ordóñez,
2004), en el sentido que la advertencia y la sanción solo
reducen e inhiben la conducta plagiadora
transitoriamente, pero no consiguen eliminarla ni
deconstruirla; de modo que cuando el estudiante se
encuentra situado en contextos que percibe como
permisivos frente al plagio esta retorna (Cebrián-Robles
et al., 2018).
Resulta necesario implementar procesos encaminados a
generar acciones correctivas sustanciales en esta materia,
los cuales han de abarcar conocimientos y elementos
formativos con temas sobre metodología de la
investigación, escritura de la ciencia y ética. Esta
necesidad se funda en el hecho que hay una alta
correlación entre plagiar en la universidad e incurrir en
conductas no éticas en el ámbito laboral (Neiva et al.,
2016) y también porque el plagio de los estudiantes
universitarios afecta la imagen académica de las
instituciones educativas donde cursan sus estudios
(Alfaro & Juárez, 2014).
El asunto del plagio: una mirada histórica
El plagio académico, señala Girón (2015), se ha
constituido en “un problema muy grave en nuestra
sociedad y ha tendido a incrementarse especialmente en
la educación” (p. 3), quizá por las facilidades que ofrece
el internet y las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación (TIC) para buscar contenidos digitales
puntuales, copiarlos y pegarlos en nuevos formatos
procesadores de texto (Hernández, 2016; Jaramillo
Valbuena & Rincón Belalcázar, 2014).
Se entiende por plagio académico “la copresencia de un
texto en otro y la intención de ocultamiento del hipotexto.
Esto es, la repetición en un escrito, con elementos y
características específicas, existentes previamente en otro
texto (Chávez, 2010, p. 52).
Etimológicamente la palabra plagio se deriva del
sustantivo latino plagĭum, y significa rapto o secuestro.
Los romanos usaban este término para denominar al acto
de vender fraudulentamente un esclavo ajeno como si
fuera propio; estos plagiadores recibían como condena
por este delito, un determinado número de azotes.
En la antigüedad hasta el siglo XVIII, el acto de robar
ideas o frases y no mencionar el autor respectivo no tenía
las implicaciones éticas y jurídicas de la actualidad; es
decir, plagiar era visto como un acto inmoral y
repudiable, sin otras consecuencias que las generadas por
la afrenta social (Perromat, 2010).
Un antecedente vital, que incidió en el cambio de
valoración sobre el plagio, lo constituyó la invención de
la imprenta en el siglo XV. La posibilidad de poder
imprimir ejemplares idénticos y volver a hacer
reediciones, permitió empezar a hablar, con mayor
propiedad, de autores y derechos sobre los textos
originales. El evento puntual que connotó al plagio como
un proceder ilícito fue la promulgación de los derechos
de autor realizada en Inglaterra en 1710; este texto nació
como una medida jurídica para regular a los editores, los
cuales, al publicar las obras a menudo usurpaban los
textos originales, las reimprimían y seguían lucrándose
de sus reediciones (Astudillo Gómez, 2006).
Antes de la imprenta, el mecanismo usado para difundir
los textos escritos era las copias hechas a mano
(manuscritos), tarea que a menudo realizaban los monjes
en los conventos. Además, tal como señala Perromat
(2010), para la época el tema de la veracidad de los
autores y los textos no constituía materia de discusión
social porque se usaba la práctica de la seudonimia,
conservada sin reparos desde la antigüedad; la cual
consistía en atribuir, de manera intencional, la autoría de
los textos a personas académicamente más reconocidas
que el verdadero autor. Este proceder obedecía a varias
finalidades, entre otras, dar autoridad o relevancia a los
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escritos, facilitar su circulación y compra, e incluso,
como homenaje de los discípulos hacia sus maestros por
el conocimiento recibido de ellos.
La práctica de la seudonimia, no impidió que desde la
antigüedad haya existido una fuerte preocupación por
garantizar la autenticidad de los textos escritos y el
reconocimiento a sus legítimos autores. Un primer paso
para lograrlo fue la fundación de las bibliotecas. Hacia
el siglo III a.C., en Grecia se creó la biblioteca de
Alejandría, con el propósito de reunir y conservar los
textos originales de la producción intelectual griega y
además poder elaborar listados de los autores y sus obras.
Señala (Perromat, 2010):
Desde Calímaco (310-240 a.C.), bibliotecario al
que se atribuye la elaboración del catálogo de
Alejandría, se elaboraron de manera continuada
listas de autores, junto a los cuales se
inventariaban las obras auténticas y las espurias.
Los textos que no cumplían los requisitos de
autenticidad y autoría (falsificaciones) no eran
destruidos, pero eran marcados. Los
bibliotecarios utilizaban una nomenclatura
derivada de la metáfora de la “paternidad
literaria”, los volúmenes eran, pues, gnesioi
(hijos legítimos) o nothoi (bastardos). (p. 33)
Sostiene Campos (2006) que el problema del plagio es un
asunto de larga data, desde la antigüedad existen
plagiarios y plagiados, sin embargo, “por fortuna la
mayoría de personas no buscan apropiarse de las ideas de
los demás, prueba de esto es la cantidad de nuevo
conocimiento, planteamientos y textos que surgen” a
diario (p.3).
El plagio como tema de estudio es relativamente reciente;
fue en la década de los noventa cuando el plagio presente
en las aulas educativas comenzó a ser un tema de interés
investigativo, especialmente en el contexto académico
anglosajón (Sureda et al., 2009).
Resulta claro que la persona que incurre en plagio comete
doble falta: “en primer lugar, usar ideas, información o
expresiones de otra persona sin darle el debido
reconocimiento (…) constituye robo de propiedad
intelectual. Y hacer pasar las ideas, información o
expresiones de otra persona como si fueran propias (…)
constituye fraude” (Girón, 2015, p. 6).
No existen excusas ni para incurrir en plagio ni para
permitirlo, en todos los casos representa un proceder
deshonesto que lesiona la propiedad intelectual ajena
(Hernández, 2016).
Cuando en el aula los profesores toleran o permiten el
plagio, sin proponérselo inducen a aquellos estudiantes
que se sienten en desventaja frente a los “plagiadores” a
que también terminen por acceder a este proceder no
ético (Morales, 2011, p. 4). La práctica del “dejar hacer
y dejar pasar” resulta altamente contraproducente para la
formación ética y la cualificación académica de los
universitarios (Hernández, 2016).
Tipos de plagio
Según el Diccionario de la Lengua Española (2021), la
palabra plagio posee dos acepciones: “copiar obras
ajenas dándolas como propias y secuestrar a una persona
para obtener rescate por su libertad”.
Existen diversas formas de efectuar o incurrir en plagio:
copiar párrafos literalmente sin indicar el autor,
referenciar al respectivo autor pero no especificar con
comillas que se trata de una cita textual, conservar la
estructura original del párrafo pero cambiándole palabras
o frases, componer párrafos reuniendo partes de una texto
y otro sin realizar las citaciones respectivas, parafrasear
el texto sin mencionar su autor Morales (2011) e incluso
tomar textos de otros idiomas, traducirlos y presentarlos
como propios.
Respecto a los nombres de las formas de plagio
Hernández (2016) menciona los siguientes:
Aquel donde hay copia literal de partes o de la totalidad
del texto, se denomina plagio verbatum o plagio directo.
Aquel donde el autor toma las ideas de otro autor, pero
las presenta parafraseadas y omitiendo la referencia
respectiva, se llama plagio inteligente.
Cuando los textos que se presentan han sido copiados de
textos que el mismo autor ha publicado previamente,
pero los presenta como nuevos, se denomina autoplagio.
Cuando la persona se coloca como único autor de un
texto que ha sido construido por varios integrantes, se
denomina plagio por autoría.
Eliminar el plagio de los procesos educativos: una
tarea por hacer
Un primer punto de reflexión es que el plagio académico
infortunadamente es un asunto innegable en gran parte de
las instituciones educativas públicas y privadas, y
pareciera que los casos detectados representan apenas
una parte del total que circula en las aulas (Mejía &
Ordóñez, 2004).
Llama la atención que son los profesores más que los
estudiantes quienes tienden a darle mayor gravedad a esta
conducta (Ordóñez et al., 2006). Lo deseable es que toda
la comunidad educativa asuma como referente
compartido que el plagio es una práctica deshonesta y
antiética, que riñe directamente con los fines formativos
de la universidad (Martínez & Ramírez, 2018).
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Actualmente en el ambiente educativo en general, el acto
de plagiar se encuentra incluido en el listado de las
conductas de deshonestidad académica que conducen a
sanciones disciplinares puntuales; sin embargo, al
estudiar los móviles de cada caso el nivel de
responsabilidad podría variar de uno a otro. Por ejemplo,
durante el nivel educativo de la secundaria e incluso en
los inicios del primer semestre de la universidad podría
encontrarse estudiantes que incurren en plagio académico
por verdadero desconocimiento de las normas y pautas
metodológicas de la escritura académica (Mejía &
Ordóñez, 2004; Ordóñez et al., 2006). Al respecto resulta
frecuente encontrar textos donde se percibe claramente
que el estudiante parafrasea, pero no referencia la fuente,
coloca textos entrecomillados, pero omite la cita
respectiva o al redactar el listado de referencias encuentra
dificultad para agregar los datos cuando se trata de
imágenes o tablas, capítulos de libros con editor, artículos
de periódicos, tesis, páginas web, etc.
En situaciones como las anteriores donde no hay
intención dolosa de parte del estudiante, las instituciones
de educación han de tomar medidas fundamentalmente
formativas sobre el tema. Pero otro caso muy distinto es
aquel, donde el estudiante comete plagio, sabiendo que
su obrar ha sido claramente deshonesto y sin embargo así
publica el texto plagiado colocando allí su nombre como
si realmente este fuera de su autoría; cuando el proceder
alcanza este nivel, el estudiante incurre en una conducta
demasiado grave que indiscutiblemente conduce, de una
parte a una sanción disciplinaria (Baiget, 2010; Campos,
2006) y de otra a que se le provea los refuerzos necesarios
en cuanto a metodología de investigación y escritura de
textos académicos. Respecto a este nivel de plagio, ha de
prestársele especial atención a los textos que los
estudiantes presentan para cumplir con las entregas de
trabajos de corte de semestre, trabajos de grado y tesis de
posgrado.
Un segundo punto para la reflexión tiene que ver con la
causalidad del plagio. Se suele pensar que quien comete
plagio es porque quizá presenta fisuras en su proceso de
desarrollo moral en lo relacionado con el sentido de la
responsabilidad, el valor de la justicia y el respeto a la
propiedad ajena. Ordóñez et al. (2006, p. 41) refiriéndose
al plagio de los estudiantes critica esta postura afirmando:
En efecto, si son las características personales de
los estudiantes, su irresponsabilidad e
inmoralidad las que explican este fenómeno,
entonces 94,5 o 95,5 % de nuestros alumnos no
han alcanzado un apropiado desarrollo moral.
¿Realmente es posible pensar que casi todos
nuestros alumnos son irresponsables o
inmorales? Es una conclusión difícil de aceptar.
A cambio de focalizar el análisis del fenómeno del plagio
en el desarrollo moral de los estudiantes, quizá
convendría explorar el amplio espectro de creencias que
circulan en los contextos universitarios respecto a la
realización de los trabajos escolares y la aprobación de
las asignaturas:
La mayoría de los jóvenes saben que los diferentes
tipos de fraude son faltas serias (…) y al mismo
tiempo las aceptan como formas de tener éxito
académico, porque sus creencias alrededor de lo
académico lo permiten. (…) Las creencias
estudiantiles (…) pueden estar construyendo ya
toda una cultura, un conjunto de significados
compartidos que hace que sea posible que el
fraude ocurra como parte natural de la actividad
del estudiante universitario (Ordóñez et al., 2006,
p. 41).
Martínez & Ramírez (2018) en relación a los estudiantes
que cometen plagio, encontraron que ellos saben que
llevarlo a cabo es claramente un proceder académico
incorrecto, pero lo realizan cuando el estimativo personal
de costo beneficio les resulta favorable, es decir,
proceden cuando perciben que la probabilidad de recibir
sanciones fuertes si su plagio es detectado es baja y la de
obtener calificación aprobatoria es media o alta. Al
respecto, resulta reprobable que el estudiante acuda al
engaño, el fraude y la mentira como medios para
conseguir objetivos desleales. Lo anterior preocupa,
porque si el estudiante no realiza las actividades
académicas de manera apropiada se afecta el proceso de
aprendizaje de los contenidos de las asignaturas, y
además podría formarse un hábito que al extenderse al
contexto laboral resultaría contraproducente tanto para el
profesional como para la sociedad (Diez-Martínez,
2015).
Otro factor de alta relevancia que induce al plagio a
numerosos estudiantes universitarios tiene que ver con la
escasa o precaria formación que estos han recibido
durante el bachillerato y la misma universidad en cuanto
a métodos de estudio, metodología de la investigación,
lectura crítica y redacción de textos académicos. Las
limitaciones formativas en estos campos, hace que estos
queden más propensos a acudir al plagio para cumplir con
los compromisos académicos de modalidad escrita que
les van asignado (Alfaro & Juárez, 2014).
Otro punto crítico para reflexionar acerca del plagio, lo
constituye la frecuente evasión de responsabilidad de los
estudiantes universitarios cuando son sorprendidos o
amonestados por estos hechos (Ordóñez et al., 2006). En
lugar del reconocimiento de la porción de
responsabilidad que corresponde a su actuar no ético, a
menudo estos la diluyen, la desvían e incluso la justifican
en el exceso de carga académica que poseen, en la escasa
formación recibida en metodología de la investigación,
en el poco interés que despiertan algunas asignaturas que
ofrecen los pénsums de sus carreras, en la permisividad
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de los profesores frente al plagio e incluso en la
monotonía con que algunos docentes desarrollan sus
clases. Es decir que estas justificaciones operan de forma
tal, que restan culpa a la conducta realizada y
desconectan la conciencia frente a la valoración ética del
propio actuar, con lo cual se quedan con la
autosatisfacción del fin fraudulentamente alcanzado
(Diez-Martínez, 2015) y desplazan la responsabilidad
hacia otras personas o situaciones externas (Ordóñez et
al., 2006, p. 41).
Avanzar en una cultura de honestidad
El plagio académico presente en los trabajos escritos
constituye tan solo una de las formas en que se manifiesta
la deshonestidad académica, por parte de los estudiantes
en las instituciones educativas. Otras conductas que
también se incluyen son: copiar o hacer trampa en los
exámenes; pagar para que otros elaboren trabajos que el
estudiante debe realizar; servirse de excusas mentirosas
para evadir la realización de evaluaciones o trabajos
escolares, o para conseguir que estos sean cambiados por
otras actividades, o para que las fechas de presentación
de los mismos sean pospuestas, todo con tal de obtener
ventajas deshonestas frente al resto de compañeros
(Diez-Martínez, 2015).
El plagio académico hay que asumirlo como problema
ético e intervenirlo de manera integral (Hernández-
Chavarría, 2007). Los resultados de éxito podrían ser más
duraderos si los esfuerzos por combatirlo se articulan a
un programa robusto de cultura institucional por la
honestidad académica; en el cual además de los
estudiantes, también estén involucrados los docentes y
los directivos.
Algunos de las acciones que podrían adecuarse para
ayudar a consolidar la honestidad académica y para
prevenir el plagio en los estudiantes universitarios serían:
Reforzar el tema de la formación ética de todos los
estudiantes. Conviene precisar que no se trata ni se
reduce a agregar o mantener en el pénsum una asignatura
con este nombre, sino de procurar situar lo ético como
uno de los ejes trasversales de la formación universitaria
(Neiva et al., 2016). El aula de clase, sea presencial o
virtual, conforma un espacio propicio para crear y recrear
el sentido de lo ético en la persona del universitario
(Diez-Martínez, 2015). Podría pensarse en una formación
con una pedagogía no magistral que aproveche la
recursividad de las TIC y la virtualidad, y que suscite y
consolide criterios para la vida. A largo plazo, este
proceder se convierte en una manera efectiva de ayudar a
prevenir la corrupción en la sociedad.
Revisar y fortalecer el contenido y el desarrollo de los
planes de las asignaturas que se imparten en la
universidad relacionadas con la formación en
metodología de investigación y en escritura de textos
académicos.
Diseñar y poner en marcha diversas acciones formativas
presenciales o virtuales encaminadas a perfeccionar las
competencias de los estudiantes en cuanto a
lectoescritura, consulta y búsqueda de información en
bases electrónicas de datos, y en elaboración de
citaciones y referencias bibliográficas.
Construir repositorios institucionales disponibles en
línea, tanto para favorecer la consulta de los trabajos y
tesis de grado locales como para que los instrumentos
anti plagio puedan tomar estos textos en sus análisis de
coincidencias. La posibilidad de poner en la red digital la
investigación que se realiza ad intra incentiva la calidad
de los textos producidos y además evita el plagio de la
misma producción institucional.
Crear revistas estudiantiles por facultades. Esta acción
ayuda a incentivar la escritura académica y la publicación
de aquellos textos cualificados, que se proponen
alrededor de temas que representen interés para las
comunidades disciplinares universitarias.
Favorecer que los profesores dispongan de algún tipo de
software anti plagio accesible que permita detectar, al
menos, las copias literales que pudieran estar presentes
en los escritos que entregan sus estudiantes. Indica
Molina et al. (2011) que realizarlo no implica
desconfianza ni obstáculo en la relación entre docentes-
estudiantes (Molina et al., 2011).
Replantear la dinámica de construcción de los trabajos
escritos que los docentes asignan como parte del
componente evaluativo de las asignaturas; estos no
pueden limitarse a reproducir o resumir la información.
Han de ser textos donde el estudiante para elaborarlos
necesariamente tenga que pensar académicamente,
movilizar cuotas de creatividad para construirlos y
trabajar con la información que encuentra en los textos
que se le proponen o que él consigue. Molina et al. (2011)
recomienda lo siguiente: proponer varios textos y
pedirles hallar semejanzas, relaciones y diferencias;
proponerles un problema y sugerirles unos textos para su
análisis; entregarles textos de autores con puntos de vista
distintos y pedirles elaborar una reflexión crítica;
entregar textos y pedirles que en un video comenten
algunos elementos relevantes planteados por los autores.
Por último, que cada institución elabore y actualice su
propio manual de estilo y redacción académica con las
respectivas normas metodológicas y bibliográficas
vigentes. El cual ha de servirles de guía a los estudiantes
para elaborar todos los textos escritos de corte
académico.
Conclusiones
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Fortalecer una cultura orgánica de honestidad en cada
institución educativa constituye día por día un imperativo
de primer orden; si el sistema educativo no enfatiza en
los estudiantes el valor de la ética será más difícil lograr
una sociedad con ciudadanos y trabajadores honestos.
Este ha de ser un empeño conjunto de docentes,
directivos académicos y estudiantes.
Cuando la universidad ignora el plagio, lo deja pasar por
alto o no le da la importancia que representa como
problema educativo indirectamente está menoscabando
la función de la educación superior en lo referente a
construir nuevo conocimiento, valorar el trabajo de todos
los investigadores académicos y formar profesionales
éticos. Por tanto, le corresponde sancionarlo
vehementemente e igualmente prevenirlo con iniciativas
educativas apropiadas, que estén pedagógicamente
articuladas a la praxis docente e investigativa que se
desarrolla en toda la institución.
Además de las sanciones, se requiere poner en marcha
empeños positivos que permitan suscitar y consolidar
nuevas conductas que sumen aportes hacia la
construcción de una cultura institucional de honestidad
académica; dado que el plagio académico es una
dificultad que está conectada con otros problemas
educativos tales como: deficiencias en formación
metodológica, en redacción de textos académicos, en
lectura comprensiva, en respecto hacia la propiedad
intelectual, entre otros.
En la medida que los estudiantes aprendan a buscar en
fuentes de calidad, consigan citar debidamente los
autores y mejoren sus competencias para redactar textos
académicos, la honestidad académica será más frecuente
en las instituciones de educación.
La lucha contra el plagio ha de ser un empeño
institucional conjunto, con acentos pedagógicos
propositivos y tendientes a construir procesos formativos
en valores, e internalizar nuevas conductas y nuevas
creencias que favorezcan el lugar y la praxis de la ética
dentro del contexto académico.
El foco de este artículo ha estado puesto en el plagio en
que incurren los estudiantes; no se mencionó el plagio
que también cometen los docentes. El no haberlo
planteado no significa que éste no se dé o que no requiera
atención, por el contrario, se trata de un proceder
igualmente antiético que también hay que eliminar.
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Gonzalo Rojas Reyes
I+D Revista de Investigaciones ISSN 2256-1676 / ISSN en línea 2539-519X
Volumen 17 Número 1 Enero-Junio de 2022 pp. 158-165
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